Nadie te hará rico

Está muy extendida la opinión, de que en la empresa lo que hay que hacer para tener éxito es escoger a las personas adecuadas que suplan algunas de nuestras carencias como empresarios.

Muchas veces hemos oído que tal o cual empresario ha sido muy listo porque ha conseguido que personas muy inteligentes trabajen para él.

Esto en sí es una contradicción. Una persona muy inteligente no trabaja para hacer prosperar a otra persona así como así.

La función del empresario es INDELEGABLE, y claro que debo rodearme de los mejores profesionales del sector (si los puedo pagar...), pero el esfuerzo, el rumbo y la dirección la debe poner el empresario, y esto exige muchas horas de planificación, dedicación y trabajo.

¿A alguien se le ocurriría pensar que un pintor como Velázquez hubiera podido hacer un cuadro como “las meninas” si lo hubiera dejado en manos de sus mejores discípulos y aprendices?. En la empresa ocurre igual. El empresario tiene que “bajar a la fábrica”. Tiene que “mancharse de grasa”. Tiene en definitiva que “tomarle el pulso a su negocio”.

Si eres dueño de una gran empresa textil tienes que saber si las prendas están bien o mal cosidas. Esto no lo puedes calibrar si nunca has cogido unas tijeras

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